Casetes de Sa Vorera

Dice una canción menorquina: ” Jo tenia una caseta vora el mar/ Jo tenia un jardí florit i un cel de pau/ Jo tenia una barca/ i unes xarxes a la platja …”  ♬♬♬

Dicen que quien posee una “caseta de sa vorera” tiene un tesoro, y quien no la posee, la añora.

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Nunca había visto estas casetas desde otra mirada, (la verdad es que también llegué a pensar (¡ilusa de mí!), que eran piezas extrañas enclavadas en un privilegiado lugar), pero a raíz de la conversación con Antonia, propietaria de una de esas singulares casitas, pude visualizar el pasado que me narraba, el modo tan distinto de disfrutar del mar; llegué a sentir, incluso, su apego a la “caseta”

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La mayoría de estas “casetas” eran refugio de pescadores, donde ponían sus aparejos y sus barcas. Ella contaba que, todos los veranos de su infancia, los pasaba allí, en “sa caseta”, con un montón de familiares, en un reducido espacio donde se disfrutaba del mar, del sol, de la libertad y de la familia. Alrededor no existía “nada” de lo que ahora podemos ver: ni casas ni suelo urbanizado. Un paraíso que se ha quedado en la memoria.

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Me contó, también, como algunas personas presionaron para que se marcharan de esas “casetes” con el fin de que no “afearan” la vista de los propietarios de los chalets de la nueva zona urbanizada. Ella se negó. Dice que se negará siempre:  “esto no se vende, no tiene precio”. Y es cierto.

Típica “caseta de sa vorera”

Ahora a estas casetes (las que quedan) se las reconoce como testimonio que son de una época y de un modo de vivir. Este verano pasado el Consell Insular de Menorca inició el estudio de un plan especial para salvaguardarlas. Se calcula que hay unas 180 repartidas por todo el litoral menorquín.

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Muchas de estas “casetes de sa vorera” son centenarias, y aunque la mayoría servían (y se construían) para guardar las barcas, también las había que se construían para ser lugar de reuniones de fin de semana. Algunas se llamaron “casetes de fadrí”, o lo que vendría a ser: “casitas de solteros”, aunque más correcto sería llamarlas casetas de amigos, ya que allí es dónde se reunían para pasar los fines de semana. Estas construcciones las hacían los propios interesados con los materiales que encontraban alrededor.  Algunas aprovechaban cuevas naturales que luego agrandaban a sus necesidades.

Patrimonio de todos

Creo que vale la pena dar a conocer la historia de “ses casetes”, porque ahora podremos verlas de un modo distinto, con la perspectiva que nos ofrece el  tiempo transcurrido, y con la ilusión de que nos transportan a otro tiempo.

Alguna de estas “casetes” ahora tienen otros usos, como esta en la playa de Binibeca

Al margen de polémica entre quien quiere derruirlas y quien quiere conservarlas, si han llegado hasta nuestros días para que podamos tener un testimonio de nuestra cultura y de un modo de vivir de una época, sólo por ello, ¿no merecerían ya de por sí nuestra protección?. Yo considero que sí, pero entendidas como lo que son: patrimonio etnológico a conservar.

La entidad SA NOSTRA ha hecho una exposición temática sobre este tipo de construcciones. Estos días puede verse en Ciudadela, con multitud de fotos y testimonios. También tiene una página dónde podemos conocer más acerca de estas construcciones, con afirmaciones como ésta:

“Las casetas fueron en sus inicios un punto de reunión familiar, donde se iba los fines de semana de verano, pero también los de invierno…. sólo hace falta ver estas casetas para comprobar el aprecio y cariño que le tienen sus propietarios…”

Y yo ratifico esta afirmación cuando observo cómo a Antonia se le iluminan los ojos cuando habla de su “caseta”.

Enlace a exposición SA NOSTRA

Enlace video de la televisión Balear, sobre las “casetes”

Enlace para ver artículo diario Ultima Hora

Enlace para escuchar la canción

Enlace programa Thalassa de TV3 sobre les casetes de vorera

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